Artículo 11 de la declaración de los derechos humanos
- Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se crea su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.
- Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito.
Yo también soy Troy Davis
El 21 de septiembre Troy Davis fue ejecutado en el estado de Georgia a pesar de las múltiples dudas que ofrecía su caso. Desde que fue condenado a muerte, en 1991, más de 90 presos han sido excarcelados de los “corredores de la muerte” de Estados Unidos tras demostrarse su inocencia. En todos esos casos, los acusados habían sido declarados culpables más allá de una duda razonable.
Sé que siete de los nueve testigos que declararon en el juicio cambiaron sus declaraciones, algunos de ellos denunciando que fueron víctimas de coacción policial. Incluso un juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos, mientras rechazaba el alegato de inocencia de Troy, afirmaba que “el acusado debía probar su inocencia, no solo las dudas existentes sobre su culpabilidad“. ¿En qué mundo vivimos cuando alguien debe demostrar que es inocente? ¿No se supone que todos somos inocentes hasta que se demuestra lo contrario? Parece que Troy no tenía ese derecho…
“La lucha por la justicia no se agota en mí. Esta lucha es para todos los Troy Davis que vinieron antes que yo y todos los que vendrán después de mí. Estoy de buen humor, en oración y en paz. Pero no voy a dejar de luchar hasta que haya tomado mi último aliento “.
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